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Sábado, 16 de abril de 2005
En un dancing repleto, la salsa recalentada durante décadas retumba en los parlantes poco exquicitos y nada ornamentales. Allí, en el recinto. algunas cuarentonas (otrora gatas) alardean sus formas a poco de perderlas. Ellas viven su segunda o tercera adolescencia, acaso karmas mal resueltos.
En posición felina, entre siete y nueve machos de la especie aguardan clavar sus colmillos en semejantes cuellos.
Ellas necesitan esas miradas para extasiar el ego; ellas se alimentan con el deseo de esos fans desesperados, aunque sepan que sólo están disponibles para un intento, antes qie fracase la última gota de feromona y no atraigan siquiera insectos.
Ellas saben que el tiempo limita la miel de su arrogancia. Pronto sus carnes no serán apetecibles, excepto por leones viejos dispuestos a dilapidar la noche entre piernas bastante cabalgadas.
Ellas beben, ríen, dosifican el cansancio; sabiendo, desde luego, que el broche de la madrugada nuevamente las encontrará entre sábanas solitarias.
( 2001 )
Por: Victor Marcelo Clementi | Humor | Comentarios (0) | Referencias (0)