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Viernes, 25 de febrero de 2005
Holgazanea mi lápiz en el alero de un garabato.
Llegan frases, disfraces; el único escaparate de la lluvia.
Recuerdo a la luna degollada de Tuñón
fingir enamorados en un poema.
Ahora sé que los agujeros del alma
no se revocan con proverbios instantáneos.
Hemos peregrinado mucho la palabra
y sin embargo...
soy una estrategia más que indispensable
para los gusanos.
La borra conversa espejismos
con las siluetas discepoleanas que inventa el humo
hernias de su propio aliento.
Todo empuja a trasmutarme en un número gris,
ni la humedad escapa a la burocracia.
Los semáforos empeñaron el color;
y allá, a lo sumo, un final benévolo.
Hasta los bares perdieron la superstición;
forzados al embuste, misericordia y dios de bastos.
Sensaciones de infancia que desatan escondrijos
y muerden las arrugas del éter.
Quiero un jardín donde ver morir a mis rosas
y alejarme de todo lo mutable,
sólo un trámite donde afincar mis huesos;
soy en exceso suceptible a la nostalgia.
Un pedazo de mí de cada barrio se hará fantasma
para espiar el último zaguán de las vírgenes.
Un jardín donde mis rosas me vean morir.
1999 ( Leyendas y poemas )
Por: Victor Marcelo Clementi | viejos poemas | Comentarios (0) | Referencias (0)