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Víctor Marcelo Clementi Blog

Viernes, 18 de febrero de 2005

Zafari

Fumaba mucho, alrededor de tres atados al dìa. Un amigo me recomendò hacer el Curso para dejar el vicio. Y asì lo hice, en apenas un mes y medio me recuperaron. Pero empecè a comer, màs y màs.Primero
por la ansiedad en el vacìo del faso, luego por la gula redentora. Resultado: 25 kilos arriba en la cotizaciòn. Un mamarracho. Otra vez mi amigo aconsejò que consultara con Gordos Homònimos. Tres meses despuès y bajo una dieta estrictamente budista quedè hecho una gacela.
Mi ego recuperaba comarcas. Pero la biologìa no siempre coincide con la meditaciòn. Es cierto que lo bueno dura poco. Adiòs al plan astral. Entonces acudì al bocado con una voracidad inèdita: 109 y en alza, de nuevo una figura exultante. Decepcionado, corrì a la farmacia y reventè los ùltimos cartuchos en hierbas laxantes, pastillas existencialistas, algas, bronceadores permitidos por la Fundaciòn Solar y otras supersticiones. Ademàs, reforcè el tratamiento con terapias alternativas: Tarot y curas del màs allà marca Negrito Olmedo, con la intenciòn de culminar el ciclo recomendado por el I Ching. Pero sòlo las anfetas cortaban el hambre. Me hice readicto, no podìa largarlas. Por un pelo zafè del Borda a cambio de internarme en una casa quinta y asì cumplir con un año de rehabilitaciòn. Nos leìan la Biblia todo el santo dìa. Al fin me convencieron, dejè la falopa por la mìstica. Como prueba de sanaciòn debìa ir a una Villa peligrosa a predicar la palabra del Señor. Me raptaron, estuve dos semanas en un zucucho de dos por uno exactamente a la sombra. Por suerte me liberaron porque nadie querìa hacerse cargo de la captura y menos aùn del rescate. En la Instituciòn, de inmediato me dieron el alta para evitar balurdos. Nuevamente al mundo, huèrfano y màs loco que antes. Soluciòn: tres terapias a la semana. El Doc se convirtiò en mi padre, mi confesor, en mi mejor amigo. No podìa dejarlo. La Junta de Profesionales lo suspendiò de por vida por ejercer praxis adictiva. Me abandonò, huyò del paìs, del continente, del planeta. Yo quedè desamparado, a merced de cualquier cosa. Otra vez mi amigo, mi angel, el enviado. me hizo participar en un grupo de conexiòn extraterrestre. Ìbamos a la montaña semanas y semanas esperando la señal. Nunca llegò. Tanta desilusiòn me impulsò al suicidio. Justo conocì a una mujer y me enamorè. Fue el nèctar salvador.
Pero ella era borracha, y yo, con tal de permanecer a su lado, comencè a beber. Bebìa y bebìa, fue vergonzoso. Hasta ella me dejò. Descuajeringado y sin amor, fuì derecho a Alcohòlicos Anòmalos.
Lo cierto es que ahora estoy gordo, medicado en contenedor, sufro alucinaciones, fumo como un gnomo y me tomo todo. Encima tengo nuerosis galopante, depresiòn, y autoestima cero.
Con todos los cumpas que conocì durante la excursiòn, fundamos Reciclados al Pedo, y somos todos linyeras.

1996

Por: Victor Marcelo Clementi | Humor | Comentarios (0) | Referencias (0)

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